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ACCIÓN Y REACCIÓN

 

Mundo Espiritual

 

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El Gólgota y el Tabor

 El Comforter

Quien fue Jesús?

Enfermedades

La oración

La Compasión en el

concepto budista

 

 

La  reencarnación es la ley de causa y  efecto

representan conocimientos de los más importantes

que la humanidad ya recibió.

Conociéndolas, podemos entender el porqué

de las desigualdades, luchas, enfermedades,

sufrimientos y  frustraciones.

 

 

 

Para oír

 

 

Acción y reacción

 

 Cotidianamente en todas partes, observamos situaciones y ocurrencias que nos parecen profundamente injustas.

Al lado del rancho donde hay tanto sufrimiento y miseria encontramos la suntuosa mansión, cuyos moradores lo completan con todo lo  que el dinero y el prestigio pueden proporcionarles. A cada instante, en los más diversos puntos de la Tierra nacen niños saludables y  otros enfermos, deformes, excepcionales y  limitados; en cuanto una parte de la humanidad ya  nace con inclinaciones buenas, dignas y  honestas, otra demuestra desde la más tierna infancia tendencias hacia el hurto, la mentira, la hipocresía, la crueldad, la perversidad etc.

Lo mismo ocurre con la inteligencia, que no es hereditaria, porque muchas luminarias de la ciencia y del intelecto eran y  son hijos de padres comunes y hasta así mismo poco inteligentes, en cuanto padres de gran capacidad mental han generado hijos limitados.

¿Y nos preguntamos entonces a nosotros mismos por que tantas y tan dolorosas diferencias entre los hijos de un mismo Padre? Si nosotros, humanos y  falibles, no seríamos capaces de actos tan injustos o malos para con nuestros hijos, como podría Dios, siendo omnipotente, justo, sabio y  perfecto, demostrar tanta incompetencia, injusticia y  perversidad?

Mas  nuestra razón nos dice que no puede ser...  tiene que haber otras explicaciones, caso contrario, dejaríamos de cree en El y  en esa descreencia sufrimos el gran vacío que,  la fuga de la fe deja dentro de nosotros. La  criatura sin fe es como la lámpara apagada, en medio de la  oscuridad nocturna.

Mas, felizmente, siempre llega el día en que tomamos conocimiento de la reencarnación y  de las leyes de causa y  efecto o acción y  reacción, que los orientales llaman karma.

Ese conocimiento entonces nos coloca de bien con la existencia y  comenzamos a ver a  Dios, el universo y  los mecanismos de la vida bajo nueva luz.

Comprendemos, así, que ya vivimos muchas y  muchas existencias en la materia, que somos el resultado de lo que fuimos e hicimos en nuestras vidas pasadas. Entendemos también que Dios no es el responsable por  nuestras buenas o malas inclinaciones, por nuestra inteligencia y  aptitudes, enfermedades o sufrimientos. Los responsables somos nosotros mismos, por la manera como vivenciamos nuestras existencias pasadas, así como también la presente.

Todo lo que fuimos se refleja en nuestra vida actual. Es  la ley del retorno que nos devuelve por las manos de la justicia divina, todo lo que hicimos en el pasado distante o próximo. La siembra es libre, más la cosecha es obligatoria.

Es preciso, entre tanto, observar que el karma no es sólo negativo, es también positivo. El representa nuestra cuenta corriente con la vida, el retorno de los actos buenos y  malos, de las acciones y  omisiones que practicamos a lo largo de las encarnaciones y  puede así  mismo ser atenuado por la práctica del bien, por el amor puesto en acción. Siempre es oportuno recordar lo que dice el apóstol: “El amor cubre una multitud de pecados”. Esto significa que si dedicáramos parte de  nuestro tiempo y  posibilidades, tales como el amor, el trabajo, la palabra o dádivas materiales, orientando disminuir el sufrimiento del próximo o el  mostrarle un nuevo camino con más luz y  esperanza, nuestra propia vida, siendo más útil a los otros, será también menos sufrida para nosotros. Esa orientaron más allá  fue dada por Jesús cuando dice: “A cada uno le será dado de acuerdo con sus obras”.

También es importante entender que no todos los sufrimientos son kármicos, porque muchas veces reflejan apenas nuestras propias necesidades evolutivas. El dolor es el mensajero divino que despierta en nosotros los valores inmortales del espíritu. Es el quien nos acuerda y  nos hace salir del marasmo o de la comodidad espiritual. También es  a través del sufrimiento que más nos aproximamos a  Dios.

Acontece, igualmente, que muchos espíritus, al planear sus futuras encarnaciones, piden a los mentores para nacer  con defectos físicos u  otros problemas, orientado a evitarles mayores caídas espirituales.

Cuenta el espíritu de  André Luiz, a través de la psicografia de Francisco Cândido Xavier (Chico Xavier) que cierta mujer pidió para reencarnar con determinado defecto físico, porque quería preservarse de las tentaciones y  caídas, ya que en su última encarnación fuera muy bonita y  cayera espiritualmente por las vías del sexo.

Otros espíritus programan sus encarnaciones de forma tal que precisen enfrentar dificultades diversas, a fin de no tener tiempo ni energía para nutrirse de los  vicios o liviandades prejudiciales, que les obstaculizaron el progreso en anteriores encarnaciones.

Nuestras faltas, en la verdad y  todo el mal que hacemos, quedan con una marcada presencia en nuestra conciencia profunda y cuando estamos en el mundo espiritual, con mayor acceso a esas recordaciones, llega siempre el momento en que sentimos la necesidad de liberarnos de ese peso. Trabajamos entonces para merecer nueva encarnación en la Tierra, orientando esos rescates, así como también nuevos avances o ganancias en nuestra evolución.

Como se ve, la ley de causa y  efecto refleja la perfecta justicia y  sabiduría del Creador para con sus criaturas.

  

 

 

 

 

Cuando se sienta desalentado, receloso,

con aquel miedo indefinido

que tantas veces nos asalta, recuerde que el

 miedo es una emoción negativa, que abre canales de

acceso a vibraciones de bajo tenor.

 

Sugerencia:

 

Respire calmada y profundamente algunas veces,

 dando a si mismo instrucciones para relajarse.

Mentalice todo su ser cercado por una luz protectora,

cuya fuente está en el Creador.

Siéntase protegido, optimista y fuerte.

 

 

 

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